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Benjamin Barber
Se dice a menudo que un exceso de democracia puede poner en peligro las instituciones liberales. Benjamin Barber argumenta lo contrario: que un exceso de liberalismo ha hecho tambalear nuestras instituciones democráticas. Por lo que la reducida democracia de la que hemos gozado en Occidente ha estado repetidamente comprometida con las instituciones liberales y la filosofía que la sostiene.
“Democracia Fuerte es un libro estimulante y lleno de viveza. Descubrí muchos puntos de encuentro, bastantes para discutir y disfruté haciendo ambas cosas” –Irving Howe
La democracia fuerte, definida como la participación de toda la gente en al menos algunos aspectos del autogobierno durante al menos algún tiempo, ofrece a la sociedad liberal una nueva forma de pensar y practicar la democracia. Como tal constituye la condición de todo lo que más querido para nosotros en la tradición liberal occidental.
“Persigue dotar de un nuevo vigor institucional e intelectual al ideal participativo ... Su contribución más sobresaliente no es el desarrollo de un paquete de medidas legislativas sino el bosquejo de un modo de mirar la política desde el que puede emerger una práctica democrática más fuerte ... Su aproximación es original y provocativa”-New York Times Book Review
“Las ideas tentadoras de Barber son expuestas con respeto, aunque no abundan en detalles. Pero entonces, Barber no está pregonando un proyecto, está intentando iniciar una línea de argumentación. En este particular debería tener éxito .... Ser radical, después de todo, es ir a la raíz; y es plausible por lo menos que la raíz de la ideología democrática sea una visión como la dada en la política participativa vivaz e igualitaria planteada en Democracia Fuerte”. – Village Voice
“Los problemas de la democracia ‘blanda’ son de una apariencia manifiesta, y el análisis subsiguiente de Barber original y valiente. Merecemos el desconcierto que origina nuestra inercia colectiva, pero a la vez debemos hacer algo al respecto. Democracia Fuerte es un impulso con largo recorrido” –Worlview
“Parte un tratado filosófico, parte una declaración programática, [Democracia Fuerte] es nada menos que un manifiesto académico a favor de los defensores y los activistas de la descentralización del poder”.- New Options
PROPUESTA DE DEMOCRACIA PARTICIPATIVA UNA CRÍTICA SOLVENTE A LOS PRINCIPIOS DE LA DEMOCRACIA LIBERAL. Por Benjamín Barber
Existen una gran cantidad de publicaciones que incorporan en su título el término “democracia”. La publicística no sólo hispana sino también de forma destacada la de habla inglesa inunda el mercado con obras que, en la mayoría de los casos, no dejan de ser meras reiteraciones de ideas ya consabidas, pero rara vez puestas en tela de juicio y sometidas a discusión. Quizás, asumir sin más un modelo de democracia -en nuestro caso, el liberal- en ausencia de una deliberación seria sobre sus fallas, deficiencias y elementos susceptibles de clara mejora redunda en la supremacía de un conjunto de valores de escasa viabilidad práctica. “Democracia” es un vocablo ampuloso, vago, indefinido y polisémico, por lo que se puede hacer de él una serie de usos encaminados a instaurar un sentido único y monolítico, despreciando y liquidando otros sentidos cargados de una mayor justicia social de naturaleza distributiva y de una mayor justicia política a la hora de la participación de los ciudadanos en el destino de su comunidad, ciudad y nación. Esta circunstancia nos empuja hacia un dilema, que en realidad no es tal pero se experimenta agriamente como si lo fuese: el triunfo del yo sobre el nosotros, o bien la victoria del nosotros sobre el yo.
Asimismo, el “pensamiento único” de nuestros días no consiste en entronizar un conjunto de ideas con el objetivo de vencer a otro cuerpo teórico en competencia, sino en priorizar destacadamente una ideología, la del yo como antagonista de la regresiva imagen que se reserva a la comunidad. Hacer política es una actividad que cae, sin duda, en la esfera privativa de cada individuo, aunque sólo puede tomar cuerpo en el seno de la comunidad. La decisión de ausentarse de la arena política, comprensible y respetable desde la óptica del más vigorizado liberalismo, implica más temprano que tarde perder la libertad, al ser enajenada ésta por la vía de los hechos a la mayor gloria de poderes económicos, académicos o partitocráticos. A medida que cedemos nuestro derecho político más básico –que para Barber sería también una especie de derecho natural- a ejercer la participación en virtud del mercado, de la tecnocracia academicista o de los partidos, nuestro campo de libertad -tanto de decisión como de actuación- se verá profundamente mermado o, incluso, extinto.
La libertad, como valor y derecho primordial de un modelo político, conducida a su extremo termina difuminándose en formas legales y denostándose en la práctica. La democracia y no los valores debe celebrarse en primer lugar: es en las asambleas ciudadanas deliberativas de cualquier índole –comunidad de vecinos, asociación de vecinos, asambleas de asociaciones, etc...- el lugar donde se tiene que establecer cuáles son las reglas de participación y qué valores las han de presidir; en cambio, si aceptamos desde el principio un sistema ya estructurado en función de unos ciertos valores presupuestados por otros acerca de qué debe ser una sociedad más justa -a partir de los cuales únicamente se han arbitrado instituciones de naturaleza representativa y orgánica-, entonces cederemos frente al academicismo, a esa metafísica del pensamiento político, obviando la auténtica forma de hacer política: esto es, la reivindicación por parte de los ciudadanos de su papel activo y no meramente pasivo en la toma de decisión y en la construcción de agendas de problemas para el gobierno de los barrios, de los municipios y, con la organización adecuada, también del país.
La política no es el mundo de los partidos (que en la mayoría de los casos pretenden desactivar las iniciativas políticas en el seno de la sociedad civil); la política real es la que Usted y yo podemos emprender al someter a discusión una serie de problemas que previamente hemos acordado por la importancia inminente a corto, a medio o a largo plazo. Una sociedad civil dinámica y viva es madre de múltiples iniciativas de este tipo, al margen de los partidos políticos. Si dejamos, según Barber, que nuestros intereses sean tutelados por formaciones ajenas a los mismos, pero que necesitan nuestro voto en las urnas para acceder, mantener o aumentar su poder -o sea, capacidad de influencia y privilegio-, nuestros deseos serán cooptados por el propósito para el que han sido creados nuestros partidos; análogamente, nos inducirán a creer que sus programas electorales –que diferirán de sus programas de gobierno- reflejan nuestros intereses. Para Barber, si consentimos que modelen nuestra vida política los “políticos profesionales” (éstos que no tienen más oficio ni beneficio que el escaño o el cargo de fidelidad, que son elementos disonantes para una verdadera democracia y que se encuentran aconsejados por tanques pensantes que fundan escuela en la academia –Rawls o Nozick, por ejemplo-, los cuales son venerados con seguidismo por parte de los creadores de opinión) reduciremos nuestra libertad política al juego de partidos y de las instituciones elaboradas para ellos. Los partidos, de acuerdo con Barber destruyen el espíritu del nosotros, aunando voluntades aisladas a siglas; para Barber cualquier modelo fundado en los estos pilares no deja de ser una democracia de élites y que, por lo tanto, desprecia la verdadera política democrática que nace de la transformación de un conjunto de sujetos en comunidad política. Es la antítesis de la democracia fuerte: la democracia blanda. La política hasta hoy considerada abona las tesis de la democracia liberal blanda, mientras que dotarla de un mayor y auténtico presupuesto participativo y deliberativo la tornará fuerte.
Nuestro modelo de democracia liberal, según Benjamin Barber, representa la mutilación de las potencialidades políticas de las comunidades humanas a la mayor gloria de una desbocada expansión de la economía de mercado como condición sine qua non para la libertad política. Un modelo de democracia que hace pesar más en su balanza la riqueza de las naciones que la grandeza de los pueblos. Esto supone subordinar a los seres humanos –a Usted y a mí- a una imagen lateralizada y parcial de naturaleza humana (si es que existe): egoísmo, individualismo, apropiacionismo, propietarismo, mercantilismo y hedonismo. Esta capacidad de unidimensionalizar las mentes implica el poder de dominación: o sea, el proceso de castración intelectual a fin de evitar oposición crítica al status quo presente; algo a lo que la democracia liberal blanda coadyuva.
Barber, en definitiva, a lo largo de las páginas de Democracia Fuerte se cuestiona si en realidad los seres humanos respondemos a dicho estereotipo. Pero, como se puede fácilmente comprender, esa cuestión sería por completo baladí en caso de no ser acompañada por otras en las que todos nosotros nos veamos reflejados como en un espejo: ¿”Democracia liberal” es principalmente sinónimo de libertad de mercado, de empresa y de derecho a la propiedad? ¿”Democracia liberal” es una expresión que encubre a su homónima de democracia representativa? ¿Únicamente podemos constatar un solo modelo de democracia liberal? ...
En consecuencia, si únicamente se amonesta a que los sujetos se autogobiernen y hagan uso de su libertad y si sólo se pretende que dediquemos parte de nuestro tiempo a algunos asuntos que nos incumben a todos (ésta es la esfera de lo público desprendida de lo estatal, aunque complementaria de la misma) pero la ciudadanía sigue si no desactivada sí desmotivada, la culpa radica en el sistema y no en los sujetos; si está comprobado que en la misma razón proporcional que se posibilita la participación política los sujetos responden, entonces el desliz anida en el sistema absolutista de partidos; y si la democracia de mercado ha probado no ser la panacea para el despliegue de todas las potencialidades humanas, entonces el desatino apunta a la pseudo-conexión entre mercado y libertad.
Por todo lo dicho, se trata de un problema del sistema y no del hombre, quien debe buscar en la genuina democracia y en la política legítima la satisfacción de sus esperanzas de futuro.
CONTENIDOS:
• Índice
• Introducción
• Prólogo a la edición española.
• Introducción conmemorativa del aniversario de la publicación de Democracia Fuerte.
• Agradecimientos
• Prólogo a la cuarta edición
• Prólogo a la primera edición
• Primera Parte.- La Democracia blanda: Argumentos contra el Liberalismo.
1.- La Democracia blanda: la Política como Zookeeping.
2.- El Marco Preconceptual: la Política Newtoniana.
3.- El Marco Epistemológico: la Política Cartesiana.
4.- El Marco Psicológico: El Hombre Apolítico.
5.- La Democracia blanda en el Siglo XX: el Potencial para una Patología.
• Segunda Parte.- La Democracia Fuerte: Argumentos a favor de la Ciudadanía
6.- La Democracia Fuerte: la Política como un Modo de Vida.
7.- Un Marco Conceptual: la Política en el Modelo Participativo.
8.- Ciudadanía y Participación: La Política como Epistemología.
9.- Ciudadanía y Comunidad: la Política como Ser Social.
10.- El Presente Real: Institucionalizando la Democracia Fuerte en el Mundo Contemporáneo.
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